La policía.
Suena un coche patrulla por las calles, la sirena, de repente voces por el altavoz, serias, pidiendo a algún coche que se aparte o alguna recomendación y seguidas unas carcajadas, no han apagado el micro y se escapan en off por toda la calle.
Vuelvo hacia el hotel por una calleja adyacente al Pontocho, el callejón más exquisito que conozco,limpio, lleno de restaurantes, un hombre tipo salary man discute con otro más joven del tipo de los que están de animadores a la entrada de los bares, algo va mal, una voz más alta que otra, esto en nuestro país no daría para nada, pero aquí, alguien ha debido llamar a la policía y de repente desde el fondo de la calleja veo que vienen seis policías corriendo con todos sus pertrechos, megáfono, porras... Me recuerdan a los centuriones de las películas de romanos, pero cual es mi sorpresa cualdo veo que por el otro extremo de la calle vienen otros tantos con el mismo ritmo.
Es fabuloso, que perfección, si hubiera sido algo serio no tendrían escapatoria. Pero es que no es nada, vuelvo a pasar de vuelta, cuento quince policías en total, el salary man y el reclamo del bar dos camareros y paseantes como yo.
Cuatro polis se entrevistan con el encorbatado que mantiene a duras penas el equilibrio, menudo saque debe tener, mejor dicho menudo sake debe tener el del bar del que sale, se están ofreciendo cigarrillos.
Otros tantos escuchan las relajadas explicaciones del camarero y uno reporta por teléfono, mientras los otros miran a los que pasamos.
CONTINUARA
No hay comentarios:
Publicar un comentario